Skay, una de las cosas muy buenas del rock
El legendario guitarrista, ex integrante de los Redondos, ofreció un potente recital en la Cava Vieja, de Maipú.
Skay Beilinson no se equivocó al decir, antes de su llegada a Mendoza, que sus recitales son de lo mejor que está pasando en la escena del rock nacional. El sábado a la noche, en la Cava Vieja, de Maipú, ante 1.300 personas el ex Redondo mostró su excelente nivel musical y no dejó dudas: su calidad sigue intacta y vigente.
A las 22.50 se escuchó el sonido inconfundible de su vieja guitarra roja (una Gibson SG) en una versión potentísima de Paria, de su placa Talismán. A este arranque a puro rock rabioso le siguió la oscura canción El gourmet del infierno. Con estos dos la cena ya estaba servida y Skay invitó a todos al gran banquete con Meloe y los sortilegios, canción que está en La marca de Caín.

Mientras los minutos pasaban, Beilinson y su banda Los Seguidores de la diosa Kali parecían una locomotora con un ritmo demoledor, aunque siempre con una claridad sonora que estuvo presente en las dos horas de recital.

Los caminos del viento y ¿Dónde estás? siguieron mostrando a un Skay inspiradísimo. Sus solos de guitarra sobresalieron una y otra vez, aunque lejos de una postura egoísta, le dio mucha participación en la escena a su guitarrista Oscar Reyna, que estuvo a la altura de la situación.

Y cuando nadie lo esperaba, sonó Todo un palo, un viejo clásico de Los Redonditos que hizo emocionar y saltar a más de uno que estaba presente. Si bien fue el Indio Solari quien heredó el grueso de la tribu seguidora de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, no podemos dejar de decir que la pasión en los “peregrinos” de Skay atraviesa cualquier límite.

En la Cava Vieja se pudo ver a muchos pibes de Capital Federal y de sus alrededores alentando antes y durante el espectáculo al guitarrista.

La noche ya había levantado temperatura y era un momento justo para que llegaran los temas Astrolabio y Arcano XIV. “Es una linda noche. Este tema se lo quiero dedicar a Poli (compañera de Skay y guía espiritual de Los Redondos)”, dijo Beilinson, y se escuchó la melancólica melodía de El viaje de las partículas.
Ya en el final el ambiente se prestaba para otro inoxidable tema “redondo”, El pibe de los astilleros, y para dos de las canciones más difundidas de la etapa solista del músico como: Oda a la sin nombre y El Golden de Paternal. Y cuando se escucharon los acordes del eterno Ji ji ji se gestó el pogo más grande de la noche.
Síndrome de trapecista fue el tema que le dio el punto final al recital. El espectáculo dejó rock del mejor, nostalgia “redonda” y una guitarra en llamas, esa que incendió el magnífico guitarrista llamado Eduardo Skay Beilinson con su fuego sagrado.
Fuente: Diario Uno (Mendoza)
http://edimpresa.diariouno.net.ar/nota.php?id=187793
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